El fútbol. Un arte, una pasión y, para otros, un amor imposible.
Cada vez se pierden más talentos por ciertas injusticias. Nada es lo que
aparenta, sino lo que realmente es.
Y así es su historia. Nacido en la zona de la Maternidad de la
capital tucumana, él se enamoró, como muchos, del deporte más lindo, el fútbol,
que se mantuvo presente siempre en su vida pero, de distintas maneras y a pesar
de todo.
Con esas ideas sueltas, entendí de qué se trataba. Él se
refería a la gran estructura salesiana, obra de Don Bosco, ubicada en la
manzana de avenida Mitre y San
Juan. Éste es el Tulio
García Fernández, el mejor del mundo sin duda alguna para él.
- Ahí al frente está el Ateneo Salesiano. ¿Sabés cómo jugamos ahí
no? Venían de todos los colegios o barrios y armábamos campeonatos de hacha y
tiza.
Su emoción fue clara y evidente. En sus claros pero marrones ojos
noté que, al recordar incontables partidos disfrutados allí, su amor por el
juego de pelota continúa vivo. Ese amor incomparable, único y hermoso como el
que sienten los recién casados, lo siente y lo sintió siempre éste hombre.
Todos los días cuando finalizaba el horario de clases cruzaba al
Ateneo para jugar. A veces, cuando se lesionaba, faltaba, expulsaba o se
necesitaba a alguno, los más grandes lo ponían en su equipo y él se sentía muy
orgulloso. Pero como pasaba horas y horas tras la pelota, a la cual la trataba
con tanto amor como a una dama, cuando regresaba a casa y, como era común en
esa época, debía estar atento. Atento a qué me preguntarán. Atento a sus
padres, estrictos en todo sentido, quienes se enfurecían cuando pasaba
demasiado tiempo fuera de casa.
Al ser un deporte tan popular sin que exista la necesidad de
contar con un capital económico específico para poder practicarlo, los chicos
de todas las edades de su barrio se juntaban en el Parque Avellaneda y en el amplio predio de la Maternidad
que, en ese entonces, se encontraba rodeado de Eucaliptus que, pasados los
años, fueron talados para la construcción de una plaza. Además, estaba abierto
y era usado día tras días para la realización de deportes .
Allí , los fin de
semana desde la siesta calurosa en las tardes del intenso verano tucumano, se
armaban equipos con los mejores jugadores de la zona y se enfrentaban al
seleccionado de otros barrios. Los más chicos miraban atentamente, alentaban
sin cesar con cánticos de su autoría, acompañados de bombos que lograban
despertar a todo aquel que pretendía dormir en las casas aledañas y, los
grandes, jugaban. Era ley. Así como la del gordo al arco.
Y así comenzaban a formarse los futbolistas antes. Jugando en
plazas. De hecho, recuerda, que de las canchas de 12 de Octubre y San Juan,
surgió Antonio Apud, que después de un
tiempo llegó a jugar en Atlético y Boca.
Era un jugadorazo, me recalcaba Mario a cada rato, haciendo que
entendiera todas y cada una de las cualidades de aquel con el que compartió en
su infancia partidos, de hacha y tiza, como él suele llamarles. En segundo
lugar se acordó de Fabián
García, también jugador del “Decano” al igual que Mónaco, el tercero que me
nombró. Además , en su cabeza todavía mantiene vivos recuerdos de Hugo Corbalán y Coco
Reinoso, de quienes se acordó en cuarto y quinto lugar.
Noté que su deseo comenzó desde niño. Aquel deseo de poder vivir
de lo que a uno le gusta lo llevó a pasar por algunos clubes de Tucumán en busca de aquello que tanto
anhelaba.
Pero creo que son las que le pasan a toda persona que persigue su
sueño y debe aprender a sortear los obstáculos que la vida le presenta.
- No me arrepiento de nada. Me divertí y viví para el fútbol
mientras duró y no te niego que me encantó. Me llevé muchas amistades pero estoy
bien como estoy.
Me confesó esto con una voz bastante sincera pero con un claro
sabor amargo equivalente a cuando errás un gol a tres metros del arco y sin
arquero. Sin embargo, decidí creerle.
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Notamos que una persona es fiel a sus palabras cuando las cumple.
Y él siempre me habla del compromiso. Este compromiso al que se refiere es al
que se obligaba a cumplir y rendir en el juego vistiendo la camiseta de una
colonia de San Pablo. Eran
otros tiempos, aquellos torneos en los que se jugaba por “guita” , donde iba
todo el pueblo a ver el partido. Y había que cumplir, era su obligación.
Era un momento en el que los valores y la palabra prevalecían
sobre cualquier cosa. Cada colonia jugaba una vez de local y otra de visitante.
Eran partidos ida y vuelta sí o sí. Nadie fallaba. Si algún equipo prometía
disputar partidos así y, únicamente, se presentaba cuando le tocaba jugar en
condición de local era “borrado del mapa”.
En una ocasión se enfrentó a Villa
Rosario, también una colonia de San
Pablo. Ése combinado tenía muchos jugadores que eran de primera de la
Liga y su técnico era el conocido y popular "Lito" Espeche,
quien también conducía a San Pablo. Cuando lo vio jugar lo invitó a que el
martes siguiente a las 16.30 se presentara a los entrenamientos de su equipo.
En ese entonces, GRAN equipo.
Y llegó el día.
Como siempre tarde. El calor de la siesta ya estaba presente. El entrenamiento
había comenzado. Y él, en las tribunas observando. "Pila" Espeche,
padre de Lito, se le acercó y le dio indumentaria para que se uniera al plantel
y entrenara. Pero además, le aconsejó que juegue tranquilo sin nervios
porque su hijo ya conocía a la perfección como él jugaba. Mario lo escuchó atentamente, tomando las sabias
palabras del viejo porque él jugó en Huracán,
según me dice y enfatiza, remarca, recalca y repite dos veces en mi cara que en
esa época, en la que "Pila" jugaba, ir al "Globo" era como
ir al Manchester ahora.
Todo resultó como esperaba. Gesticulando y pummm con un fuerte
aplauso con las manos, me asegura que cuando ingresó, jugó como los dioses y
metió dos golazos. Al parecer, no se habían equivocado al convocarlo. Pero él ,
me confiesa que parte de su buen juego en el entrenamiento se la debía al padre
del DT, porque cuando uno está solo y no sabe qué hacer, esos gestos se
valoran.
Tres partidos duró en la tercera categoría del club. Mientras
maneja su gran auto rojo y analiza su vida, no tarda en acordarse de su primer
partido en primera. Fue un sábado. Mientras viajaban en colectivo a Aguilares, el utilero le
entregó la número 5 y él no podía creerlo, admite preguntándose nuevamente pero
luego de casi 35 años , cómo fue que lo subieron tan rápido de una categoría a
otra. El semáforo en rojo. Jóvenes con el lema “Techo para una familia” se le
acercan a su ventanilla y él les da un billete para ayudarlos en su misión.
Cuando se retiran, su sinceridad regresa.
-En San Pablo los jugadores fuimos muy muy amigos.
Es un club donde me sentí cómodo y feliz de jugar.
Imaginando a dicho club como su hogar y valorando esas amistades
antiguas pero que hoy en día continúan, se ve bastante molesto a que, en la
actualidad, en la mayoría de los clubes, los futbolistas son solo “compañeros
de trabajo” y no amigos literalmente hablando.
Me doy cuenta de repente, gracias a su manera de expresarse que no
sólo tiene amor por el fútbol, sino que esta pasión de multitudes llegó a
inculcarle un gran sentimiento por un club, podríamos decir “su primer amor”,
tal como aquel sentimiento que tienen los conocidos hermanos Milito. Diego por la Academia y "Gabi" por el Rojo, ya que son aquellos
clubes que, al inicio de su carrera, le permitieron desplegar su pasión y
talento con el plus de la amistad.
Esta es la historia de Mario
Rubén Nuñez, un hombre que siempre quiso ser jugador de fútbol pero la vida
o aquella mano negra, bastante conocida como la injusticia, lo llevó por otro
camino totalmente diferente.
Diría que una historia parecida tuvo un compañero suyo, pero
estaría comparando cosas totalmente opuestas. Hoy, la vida de quién estamos
hablando es buena. El se convirtió en dirigente de la Asociación
Bancaria y es empleado de
la Caja Popular de Ahorros de
la Provincia. Tiene tiempo para disfrutar de sus tres hijas y hasta de su
nieto. Mientras que la de su ex compañero de equipo consiste en vender
chocolates y ciertas golosinas en varias esquinas reconocidas de la ciudad para
poder mantener a su familia y a su novia, quien es revendedora de ropa
interior.
- A veces la vida es dura. Uno se focaliza tanto en algo pero
siempre hay que estar atento y preparado para las adversidades. Yo tengo todo
lo que quiero y no me arrepiento de no ser lo que alguna vez quise. Al fin y al cabo entre las alegrías mas grandes que me dió el futbol, estan el haber compartido equipo con mi hermano Marcelo y haber conocido a grandes personas y amigos de la vida, como Fabian Sanchez y Eduardo Villagrán entre otros.
Recordó todo esto, lo de su compañero y lo de su vida, porque no
todo es color de rosas para un futbolista. Y él también lo padeció. Intentando
atar cabos sueltos de sus vivencias comprendí que aquella vez que no fue ni
siquiera observado para integrar el seleccionado tucumano era la primera vela
que le apagaban de las que mantenían encendida su ilusión.
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El mayor disguto que lo alejó de sus sueños tiene nombre y
apellido. Ya consolidado, conocido y en una de sus mejores etapas, comenzó a
entrenarse en Atlético Tucumán.
En el club de 25 de Mayo y Chile tuvo varias prácticas con jugadores que luego
fueron muy reconocidos. Pero su caso no fue el mismo.
En una oportunidad, en aquellas pesadas tardes tucumanas, con el
sol ardiente de la siesta, le tocó tomar una de las mayores decisiones de su
vida. Es que, el entrenador era el polémico entrenador. Este último, quiso adueñarse del pase de Mario, solo así lo dejaría
jugar.
Con una cara de enojo, haciendo expresiones siempre con las manos,
me contó que lo que le pedía aquel DT estaba mal. Por qué él tenía que ser el
dueño de su pase, si su papá (también llamado Mario) había juntado peso por
peso para comprar el pase de su hijo y así brindarle la posibilidad de probar
suerte en otro club y abandonar el de sus inicios.
El técnico, dejó en claro que en el “Decano” se hacía
solo lo que él decía, y al que no le gustara podía retirarse. La respuesta fue
inmediata, aquel jugador que había llegado con grandes expectativas y chances
de llegar a lo que quería se retiró.
- Salí como estaba. Por supuesto llorando a tomar el colectivo.
Sabía que Atlético es un club grande y que yo estaba en
mi mejor momento, por eso me dolió. Pero quedarme hubiera sido ser cómplice de
algo con lo que no estaba de acuerdo.
Si bien en la vida muchas personas dicen que para llegar a algo
hay que ser constantes y perseverar, no debemos dejar que otros hagan con
nuestra vida lo que quieran. Si para lograr ser jugador de fútbol él debía
agachar la mirada y dejarse dominar, estaban equivocados.
En su paso por Sportivo sufrió las palabras de un miembro del
cuerpo técnico quien le dijo que debía abandonar el fútbol y dedicarse al
básquet debido a su altura y a una situación, en cuanto a nivel de juego, no
tan buena que estaba atravesando.
Mientras me contaba lo sucedido, comencé a notar una tristeza en
sus ojos, una espina que aún no había podido sacarse y de la que se acordará
cada día. Sin embargo, pese a aquel nudo que tenía en la garganta, levantó la
mirada, respiró hondo, suspiró y me hizo saber que no todo fue malo.
En una época, en una de sus mejores futbolísticamente hablando, y
como la plata no le alcanzaba, ingresó a trabajar en el Banco Provincia donde cada día recibía la visita de un
encargado de encontrar talentos para llevarlos a jugar en San Lorenzo de Almagro. Su
misión era llevar a este hombre morocho y grandote a una prueba de jugadores
para aquel club. Sin embargo, no tuvo suerte. Mario ya estaba abocado a otra cosa, su
vida ya no era el fútbol, sino formar una familia.
Si bien esas oportunidades fueron fallidas, no quiere que escriba
que todo estuvo mal, hay cosas que sí le salieron y de las cuales continúa
orgulloso de aquello que vivió. Llegó a convertirle dos goles a San Martín (en La Ciudadela), club del cual
siempre fue fanático, mientras jugaba de San
José. Mucha gente conocida del ambiente del fútbol reconocía sus
capacidades, como ser el "Negro" Guerrero, quien
recientemente le hizo saber que él estaba para más en este deporte. Fue
miembro del plantel de Sportivo
Guzmán que descendió a la
"B" de la Liga frente a Atlético pero pronto ascendió nuevamente. Ya en
grande, se consagró con el seleccionado nacional de La Bancaria campeón
sudamericano luego de empatar con Paraguay,
si bien perdían 2 a 0, le tocó ingresar y dar dos asistencias a sus compañeros
que luego cambiaron por goles para coronarse.
Comenzó desde pequeño , cuando sus
padres le regalaron una de cuero. Iba con ella a todas partes. Caminaba y
corría acompañado por ella, la protegía de aquellos que también la querían.
Aprendió a tratarla tan bien que se volvieron uno. La pelota fue su compañera.
En el colegio su función era atraparla, no dejarla caer al fondo de la red del
arco que era encargado de proteger. Inició como arquero, pero pronto debió
adaptarse a la que sería siempre su posición habitual.
Sus primeros pasos como jugador
fueron en un club situado frente al parque 9 de Julio, en Argentinos del Norte.
Empezó jugando en la sexta división conforme a la edad que tenía en ese
entonces. Aquí ya jugaba de número cinco. Sin embargo, si en las categorías
mayores faltaba alguno, siempre ponían su nombre para completar el equipo.
No duró mucho tiempo en este club
pero no perdió oportunidad que se le presentó.
Esta es la historia de un hombre que aprendió demasiado. Desde
niño anhelaba ser futbolista profesional pero llegó a ser más que eso.
Hoy es una persona con valores, fiel a sus convicciones que, pese a que
se le presentaron distintas cuestiones sobre su futuro, supo elegir bien, lo
que siempre creyó y no se dejó "atrapar" por el sistema. Con todo esto me dejó en claro que las cosas se hacen
siempre de frente y sin mala fe, de lo contrario no deben hacerse.

















