En el viejo continente todo está controlado. Cada país se rige por sus propias leyes. Pero, en Holanda, más bien a orillas del río Amstel, las cosas son diferentes en relación a los demás países europeos. Sin embargo, todo está bajo control y no hay excesos que generen peligro alguno.
Este lugar nació como todo pueblo que se ubica a la orilla de un gran río, como un pequeño pueblo de pescadores. A lo largo de la historia se fue consolidando como uno de los puertos más importantes de su país y en un gran centro cultural y financiero de rango internacional.
Consolidada mundialmente como una ciudad basada en el comercio y el turismo, allí concurren frecuentemente personas de todas partes del mundo que llegan al lugar con ansias de conocer su historia y, principalmente, ser parte de las actividades que ofrece sin tener pena alguna.
Los trenes son el medio de transporte más elegido por los visitantes de Europa. Las cortas distancias entre los países permite que las personas se movilicen con gran facilidad y en unas pocas horas puedan trasladarse de un lugar a otro.
Prostitución
Uno de los temas bastante cuestionados en el resto del mundo es la prostitución. Ésta es legal en Amsterdam, donde las mujeres pueden trabajar tranquilamente y ganarse el dinero con su cuerpo. La actividad se convirtió en uno de los presupuestos fundamentales de atracción de capital extranjero. Aquellas que deseen ser trabajadoras sexuales deben alquilar en el Barrio Rojo (lugar dedicado exclusivamente a la vida sexual) vidrieras a donde exhibirse y darse a conocer al público. Dichas vidrieras tienen costos diferentes de acuerdo a la ubicación requerida por las mujeres. Ellas, además, deben reunir ciertos requisitos para ser habilitadas a trabajar como prostitutas. Deben ser capaces de hablar por lo menos dos idiomas ya sea inglés, español, italiano o francés, y deben contar con un pasaporte europeo, de lo contrario no podrán ejercer su oficio en forma legal.
Estas chicas son las que aceptan a quienes quieren ser sus clientes y les fijan un importe para una determinada cantidad de tiempo, que les permita solventar el alquiler del lugar donde se encuentran y les alcance también para poder sobrevivir el día a día. Algunas, las de mayor suerte, cuentan con guardaespaldas que las protegen de los turistas borrachos que se dan cita al lugar. Otras, en cambio, se protegen ellas mismas.
Lo que en la mayor parte del mundo se ve como una explotación sexual, abuso de género y machismo, en Holanda se ve como una puerta de acceso inmediato al dinero y al crecimiento económico.
Y, es que, la prostitución apareció en la ciudad casi al mismo tiempo que los marineros, quienes se alejaban de sus familias por largo tiempo y buscaban con frecuencia apoyo en mujeres de la noche. Fue legalizada en el año 2000 y se estableció que la edad mínima para ejercer trabajos sexuales es de 21 años. Además de determinar las políticas de la actividad, las municipalidades están obligadas a garantizar a las trabajadoras asistencia social y sanitaria.
Tolerancia al consumo
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Si bien tolerar no es legalizar, el gobierno holandés tolera el consumo de drogas siempre que se realice con prudencia. Es que , desde el inicio del boom comercial de Amsterdam todo estaba permitido, ya que solo así se llegaría a un mayor crecimiento económico. Aquí, la venta de cannabis (marihuana y haschís), es tolerada y regulada a través de los famosos coffee shops. Estos, además de cumplir con servicios de café, están dedicados a la comercialización de droga, siempre y cuando su compra y consumo se realice dentro de los establecimientos.
La venta callejera de droga está legalmente prohibida y severamente penada, por lo que los turistas no se arriesgan a desobedecer las leyes y respetan lo establecido.
Solo así, el gobierno holandés puede obtener un real control de los servicios que se prestan y, las posibilidades de peligro, se reducen.



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