miércoles, 30 de noviembre de 2016

El talento fuera del sistema

El fútbol. Un arte, una pasión y, para otros, un amor imposible. Cada vez se pierden más talentos por ciertas injusticias. Nada es lo que aparenta, sino lo que realmente es.


Y así es su historia. Nacido en la zona de la Maternidad de la capital tucumana, él se enamoró, como muchos, del deporte más lindo, el fútbol, que se mantuvo presente siempre en su vida pero, de distintas maneras y a pesar de todo.
Doce años concurrió al mismo colegio. A ese al que hoy recuerda con tanto cariño, al que asegura que fue su segunda casa. Ahí donde los curas cumplen la función de padres de todos los chicos. Los educan y alegran cada día. Es donde le rinden culto a María Auxiliadora.
 Con esas ideas sueltas, entendí de qué se trataba. Él se refería a la gran estructura salesiana, obra de Don Bosco, ubicada en la manzana de avenida Mitre y San Juan. Éste es el Tulio García Fernández, el mejor del mundo sin duda alguna para él.

-       Ahí al frente está el Ateneo Salesiano. ¿Sabés cómo jugamos ahí no? Venían de todos los colegios o barrios y armábamos campeonatos de hacha y tiza.

Su emoción fue clara y evidente. En sus claros pero marrones ojos noté que, al recordar incontables partidos disfrutados allí, su amor por el juego de pelota continúa vivo. Ese amor incomparable, único y hermoso como el que sienten los recién casados, lo siente y lo sintió siempre éste hombre.

Todos los días cuando finalizaba el horario de clases cruzaba al Ateneo para jugar. A veces, cuando se lesionaba, faltaba, expulsaba o se necesitaba a alguno, los más grandes lo ponían en su equipo y él se sentía muy orgulloso. Pero como pasaba horas y horas tras la pelota, a la cual la trataba con tanto amor como a una dama, cuando regresaba a casa y, como era común en esa época, debía estar atento. Atento a qué me preguntarán. Atento a sus padres, estrictos en todo sentido, quienes se enfurecían cuando pasaba demasiado tiempo fuera de casa.

Al ser un deporte tan popular sin que exista la necesidad de contar con un capital económico específico para poder practicarlo, los chicos de todas las edades de su barrio se juntaban en el Parque Avellaneda y en el amplio predio de la Maternidad que, en ese entonces, se encontraba rodeado de Eucaliptus que, pasados los años, fueron talados para la construcción de una plaza. Además, estaba abierto y era usado día tras días para la realización de deportes .
Allí , los fin de semana desde la siesta calurosa en las tardes del intenso verano tucumano, se armaban equipos con los mejores jugadores de la zona y se enfrentaban al seleccionado de otros barrios. Los más chicos miraban atentamente, alentaban sin cesar con cánticos de su autoría, acompañados de bombos que lograban despertar a todo aquel que pretendía dormir en las casas aledañas y, los grandes, jugaban. Era ley. Así como la del gordo al arco.

Y así comenzaban a formarse los futbolistas antes. Jugando en plazas. De hecho, recuerda, que de las canchas de 12 de Octubre y San Juan, surgió Antonio Apud, que después de un tiempo llegó a jugar en Atlético y Boca. Era un jugadorazo, me recalcaba Mario a cada rato, haciendo que entendiera todas y cada una de las cualidades de aquel con el que compartió en su infancia partidos, de hacha y tiza, como él suele llamarles. En segundo lugar se acordó de Fabián García, también jugador del “Decano” al igual que Mónaco, el tercero que me nombró. Además , en su cabeza todavía mantiene vivos recuerdos de Hugo Corbalán y Coco Reinoso, de quienes se acordó en cuarto y quinto lugar.

Noté que su deseo comenzó desde niño. Aquel deseo de poder vivir de lo que a uno le gusta lo llevó a pasar por algunos clubes de Tucumán en busca de aquello que tanto anhelaba.
En el camino se le presentaron distintas circunstancias y algunas oportunidades de acuerdo a sus relatos. Éstas últimas no se aprovecharon y, las circunstancias, no fueron del todo buenas.
Pero creo que son las que le pasan a toda persona que persigue su sueño y debe aprender a sortear los obstáculos que la vida le presenta.

-       No me arrepiento de nada. Me divertí y viví para el fútbol mientras duró y no te niego que me encantó. Me llevé muchas amistades pero estoy bien como estoy.

Me confesó esto con una voz bastante sincera pero con un claro sabor amargo equivalente a cuando errás un gol a tres metros del arco y sin arquero. Sin embargo, decidí creerle.

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Notamos que una persona es fiel a sus palabras cuando las cumple. Y él siempre me habla del compromiso. Este compromiso al que se refiere es al que se obligaba a cumplir y rendir en el juego vistiendo la camiseta de una colonia de San Pablo. Eran otros tiempos, aquellos torneos en los que se jugaba por “guita” , donde iba todo el pueblo a ver el partido. Y había que cumplir, era su obligación. 
Era un momento en el que los valores y la palabra prevalecían sobre cualquier cosa. Cada colonia jugaba una vez de local y otra de visitante. Eran partidos ida y vuelta sí o sí. Nadie fallaba. Si algún equipo prometía disputar partidos así y, únicamente, se presentaba cuando le tocaba jugar en condición de local era “borrado del mapa”.

En una ocasión se enfrentó a Villa Rosario, también una colonia de San Pablo.  Ése combinado tenía muchos jugadores que eran de primera de la Liga y su técnico era el conocido y popular "Lito" Espeche, quien también conducía a San Pablo. Cuando lo vio jugar lo invitó a que el martes siguiente a las 16.30 se presentara a los entrenamientos de su equipo. En ese entonces, GRAN equipo. 

Y llegó el día. Como siempre tarde. El calor de la siesta ya estaba presente. El entrenamiento había comenzado. Y él, en las tribunas observando. "Pila" Espeche, padre de Lito, se le acercó y le dio indumentaria para que se uniera al plantel y entrenara. Pero además, le aconsejó que juegue tranquilo sin nervios porque su hijo ya conocía a la perfección como él jugaba. Mario lo escuchó atentamente, tomando las sabias palabras del viejo porque él jugó en Huracán, según me dice y enfatiza, remarca, recalca y repite dos veces en mi cara que en esa época, en la que "Pila" jugaba, ir al "Globo" era como ir al Manchester ahora.

Todo resultó como esperaba. Gesticulando y pummm con un fuerte aplauso con las manos, me asegura que cuando ingresó, jugó como los dioses y metió dos golazos. Al parecer, no se habían equivocado al convocarlo. Pero él , me confiesa que parte de su buen juego en el entrenamiento se la debía al padre del DT, porque cuando uno está solo y no sabe qué hacer, esos gestos se valoran. 

Tres partidos duró en la tercera categoría del club. Mientras maneja su gran auto rojo y analiza su vida, no tarda en acordarse de su primer partido en primera. Fue un sábado. Mientras viajaban en colectivo a Aguilares, el utilero le entregó la número 5 y él no podía creerlo, admite preguntándose nuevamente pero luego de casi 35 años , cómo fue que lo subieron tan rápido de una categoría a otra. El semáforo en rojo. Jóvenes con el lema “Techo para una familia” se le acercan a su ventanilla y él les da un billete para ayudarlos en su misión. Cuando se retiran, su sinceridad regresa.

-En San Pablo los jugadores fuimos muy muy amigos. Es un club donde me sentí cómodo y feliz de jugar.

Imaginando a dicho club como su hogar y valorando esas amistades antiguas pero que hoy en día continúan, se ve bastante molesto a que, en la actualidad, en la mayoría de los clubes, los futbolistas son solo “compañeros de trabajo” y no amigos literalmente hablando.
Me doy cuenta de repente, gracias a su manera de expresarse que no sólo tiene amor por el fútbol, sino que esta pasión de multitudes llegó a inculcarle un gran sentimiento por un club, podríamos decir “su primer amor”, tal como aquel sentimiento que tienen los conocidos hermanos Milito. Diego por la Academia y "Gabi" por el Rojo, ya que son aquellos clubes que, al inicio de su carrera, le permitieron desplegar su pasión y talento con el plus de la amistad.

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Esta es la historia de Mario Rubén Nuñez, un hombre que siempre quiso ser jugador de fútbol pero la vida o aquella mano negra, bastante conocida como la injusticia, lo llevó por otro camino totalmente diferente.

Diría que una historia parecida tuvo un compañero suyo, pero estaría comparando cosas totalmente opuestas. Hoy, la vida de quién estamos hablando es buena. El se convirtió en dirigente de la Asociación Bancaria y es empleado de la Caja Popular de Ahorros de la Provincia. Tiene tiempo para disfrutar de sus tres hijas y hasta de su nieto. Mientras que la de su ex compañero de equipo consiste en vender chocolates y ciertas golosinas en varias esquinas reconocidas de la ciudad para poder mantener a su familia y a su novia, quien es revendedora de ropa interior.
 Ambos, cuando estuvieron integrando aquel equipo de San Pablo, fueron elegidos por el cuerpo técnico para concurrir a las prácticas de un seleccionado juvenil de la provincia. Pero el primer día de su concurrencia, como siempre,no los hicieron participar ya que tenían prioridad los clubes de San Miguel de Tucumán o considerados “grandes”. El siguiente fue distinto. Marchese, coordinador del grupo los vio y pretendió que ingresaran. Los dos se marcharon del lugar, sin practicar ni una sola vez, pero se dieron el gusto de mandar a un lugar muy feo a aquellas personas que estaban a cargo de seleccionar jugadores “de los clubes grandes”.

-       A veces la vida es dura. Uno se focaliza tanto en algo pero siempre hay que estar atento y preparado para las adversidades. Yo tengo todo lo que quiero y no me arrepiento de no ser lo que alguna vez quise. Al fin y al cabo entre las alegrías mas grandes que me dió el futbol, estan el haber compartido equipo con mi hermano Marcelo y haber conocido a grandes personas y amigos de la vida, como Fabian Sanchez y Eduardo Villagrán entre otros.

Recordó todo esto, lo de su compañero y lo de su vida, porque no todo es color de rosas para un futbolista. Y él también lo padeció. Intentando atar cabos sueltos de sus vivencias comprendí que aquella vez que no fue ni siquiera observado para integrar el seleccionado tucumano era la primera vela que le apagaban de las que mantenían encendida su ilusión.

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El mayor disguto que lo alejó de sus sueños tiene nombre y apellido. Ya consolidado, conocido y en una de sus mejores etapas, comenzó a entrenarse en Atlético Tucumán. En el club de 25 de Mayo y Chile tuvo varias prácticas con jugadores que luego fueron muy reconocidos. Pero su caso no fue el mismo.

En una oportunidad, en aquellas pesadas tardes tucumanas, con el sol ardiente de la siesta, le tocó tomar una de las mayores decisiones de su vida. Es que, el entrenador era el polémico entrenador. Este último, quiso adueñarse del pase de Mario, solo así lo dejaría jugar.

Con una cara de enojo, haciendo expresiones siempre con las manos, me contó que lo que le pedía aquel DT estaba mal. Por qué él tenía que ser el dueño de su pase, si su papá (también llamado Mario) había juntado peso por peso para comprar el pase de su hijo y así brindarle la posibilidad de probar suerte en otro club y abandonar el de sus inicios.

El técnico, dejó en claro que en el “Decano” se hacía solo lo que él decía, y al que no le gustara podía retirarse. La respuesta fue inmediata, aquel jugador que había llegado con grandes expectativas y chances de llegar a lo que quería se retiró.

-       Salí como estaba. Por supuesto llorando a tomar el colectivo. Sabía que Atlético es un club grande y que yo estaba en mi mejor momento, por eso me dolió. Pero quedarme hubiera sido ser cómplice de algo con lo que no estaba de acuerdo.

Si bien en la vida muchas personas dicen que para llegar a algo hay que ser constantes y perseverar, no debemos dejar que otros hagan con nuestra vida lo que quieran. Si para lograr ser jugador de fútbol él debía agachar la mirada y dejarse dominar, estaban equivocados.

En su paso por Sportivo sufrió las palabras de un miembro del cuerpo técnico quien le dijo que debía abandonar el fútbol y dedicarse al básquet debido a su altura y a una situación, en cuanto a nivel de juego, no tan buena que estaba atravesando. 

Mientras me contaba lo sucedido, comencé a notar una tristeza en sus ojos, una espina que aún no había podido sacarse y de la que se acordará cada día. Sin embargo, pese a aquel nudo que tenía en la garganta, levantó la mirada, respiró hondo, suspiró y me hizo saber que no todo fue malo. 

En una época, en una de sus mejores futbolísticamente hablando, y como la plata no le alcanzaba, ingresó a trabajar en el Banco Provincia donde cada día recibía la visita de un encargado de encontrar talentos para llevarlos a jugar en San Lorenzo de Almagro. Su misión era llevar a este hombre morocho y grandote a una prueba de jugadores para aquel club. Sin embargo, no tuvo suerte. Mario ya estaba abocado a otra cosa, su vida ya no era el fútbol, sino formar una familia.

Si bien esas oportunidades fueron fallidas, no quiere que escriba que todo estuvo mal, hay cosas que sí le salieron y de las cuales continúa orgulloso de aquello que vivió. Llegó a convertirle dos goles a San Martín (en La Ciudadela), club del cual siempre fue fanático, mientras jugaba de San José. Mucha gente conocida del ambiente del fútbol reconocía sus capacidades, como ser el "Negro" Guerrero, quien recientemente le hizo saber que él estaba para más en este deporte.  Fue miembro del plantel de Sportivo Guzmán que descendió a la "B" de la Liga frente a Atlético pero pronto ascendió nuevamente. Ya en grande, se consagró con el seleccionado nacional de La Bancaria campeón sudamericano luego de empatar con Paraguay, si bien perdían 2 a 0, le tocó ingresar y dar dos asistencias a sus compañeros que luego cambiaron por goles para coronarse.

 Comenzó desde pequeño , cuando sus padres le regalaron una de cuero. Iba con ella a todas partes. Caminaba y corría acompañado por ella, la protegía de aquellos que también la querían. Aprendió a tratarla tan bien que se volvieron uno. La pelota fue su compañera. En el colegio su función era atraparla, no dejarla caer al fondo de la red del arco que era encargado de proteger. Inició como arquero, pero pronto debió adaptarse a la que sería siempre su posición habitual.
Sus primeros pasos como jugador fueron en un club situado frente al parque 9 de Julio, en Argentinos del Norte. Empezó jugando en la sexta división conforme a la edad que tenía en ese entonces. Aquí ya jugaba de número cinco. Sin embargo, si en las categorías mayores faltaba alguno, siempre ponían su nombre para completar el equipo.
No duró mucho tiempo en este club pero no perdió oportunidad que se le presentó.

 Esta es la historia de un hombre que aprendió demasiado. Desde niño anhelaba ser futbolista profesional pero llegó a ser más que eso.  Hoy es una persona con valores, fiel a sus convicciones que, pese a que se le presentaron distintas cuestiones sobre su futuro, supo elegir bien, lo que siempre creyó y no se dejó "atrapar" por el sistema. Con todo esto me dejó en claro que las cosas se hacen siempre de frente y sin mala fe, de lo contrario no deben hacerse.